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RENFE ALERTAS MAQUINISTAS ANDALUCÍA: el precio del silencio
Cuando las limitaciones se vuelven rutina y la puntualidad se maquilla
Estamos en enero de 2026, en Andalucía… el frío se cuela por la cabina y el traqueteo vuelve a sonar donde no debería. No es un golpe seco: es ese temblor que se aprende a reconocer con los años, una vibración que te obliga a bajar el pulgar sobre la palanca aunque el horario te mire mal. El tren obedece. La vía, a ratos, no tanto.
El día que el temblor tuvo nombre propio
El descarrilamiento de Adamuz no fue un rayo en cielo despejado. Fue, más bien, el punto final de una frase que llevaba tiempo escribiéndose. En el desvío de entrada, un convoy de Iryo procedente de Málaga se sale de la vía; segundos después invade la paralela y colisiona con un Renfe – Alvia. La escena, conocida ya por todos, dejó víctimas, heridas y una sensación densa: la de haber llegado tarde a algo que se sabía.
Lo singular no es solo el impacto, sino lo que asoma alrededor. Un trozo de raíl partido, traviesas castigadas, “golpetazos” reportados con antelación. En el punto exacto no constaba una LTV activa. En los alrededores, sí había avisos previos. La caja negra del tren —velocidad, frenadas, comunicaciones— dirá su parte. Pero hay preguntas que no esperan a un laboratorio.
La rutina de la excepción
En Andalucía, la excepción se hizo rutina. Sevilla–Málaga y Sevilla–Jaén acumulan decenas de LTV activas. No son números abstractos: son cambios de velocidad que exigen una atención constante, sobre todo en líneas convencionales con ASFA. Cada baliza es una campanilla en la cabeza del maquinista. Suma y sigue: la carga cognitiva crece, el margen humano se estrecha.
En cabina se aprende a convivir con ese mapa fragmentado. Lo que no se aprende —porque no debería— es a normalizarlo. Hay estudios europeos que señalan umbrales de densidad de restricciones a partir de los cuales el error humano se dispara. Aquí, en varios tramos, se cruzan de largo. Y aun así, el discurso oficial repite: mientras se respeten las LTV, “no hay riesgo inmediato”.
Puntualidad “en hora”, velocidad a la baja
El otro truco es el reloj. Si alargas el horario, el tren llega “en hora”. La velocidad comercial cae, la estadística sonríe. En Sevilla–Málaga, el viaje real se ha estirado cerca de una hora respecto a 2018. En Sevilla–Jaén, más de media. No es que el tren haya envejecido: es la vía la que pide prudencia. El maquillaje funciona en informes; en la experiencia del viajero, no.
Aquí entra la competencia. Iryo vs Alvia no es solo una pelea de marcas: es un contraste de sistemas. Donde hay ERTMS, el control es continuo y automático; donde hay ASFA, la vigilancia recae más en el humano. Nadie discute que ambos son seguros si se mantienen como toca. El problema es cuando el mantenimiento se vuelve reactivo, parche tras parche.
Las alertas que suben por la escalera
El sindicato Semaf lo dijo en agosto: vibraciones, degradación acelerada, avisos diarios. La carta pedía bajar de 300 a 250 en varios corredores. La respuesta fue que aquello afectaba al confort, no a la seguridad. La palabra confort pesa poco cuando resuena en metal.
¿Quién decide cuándo intervenir?
Aquí el nudo técnico. ¿Existe un umbral de LTV por kilómetro que obligue a ADIF a intervenir de forma extraordinaria? Si existe, no es público. Si no existe, el sistema depende del olfato y del calendario. Y el olfato se cansa.
Mientras tanto, la tecnología ofrece salidas. Telemetría e IoT de vía para medir vibraciones en tiempo real. Mantenimiento predictivo ferroviario que anticipe fallos antes de que exijan una LTV. Gemelos digitales para priorizar inversiones donde el riesgo crece de verdad. Nada de ciencia ficción: pilotos hay, lo que falta es escala y decisión.
Cabina: el lugar donde todo cae
Hay una imagen que no sale en las fotos: la del maquinista contando balizas. No para dormirlas, sino para no dormirse. La seguridad operacional ferroviaria no es solo señalización y acero; es también ergonomía mental. Cuando cada pocos kilómetros cambia la consigna, el cerebro trabaja en deuda. Se puede pagar durante años. Un día, no.
Comprar billete con los ojos abiertos
Si hoy tuviera que elegir, no miraría la puntualidad oficial. Miraría la densidad de LTV, el sistema de señalización y el margen real. En Sevilla–Málaga, asumiría retrasos. En Sevilla–Jaén, paciencia. En alta velocidad con ERTMS, confianza técnica. No es alarmismo: es información práctica.
Retro, presente, futuro
Hubo un tiempo en que el ferrocarril español presumía de reloj suizo. Hoy presume de gráficos. Entre medias, la vía envejeció. El presente exige humildad y datos abiertos. El futuro pide sensores, algoritmos y una regla clara: cuando la excepción se cronifica, se actúa.
Preguntas que se hace la gente (y respuestas honestas)
¿Es seguro viajar en tren en Andalucía ahora?
Sí, técnicamente. Pero en líneas convencionales hay más LTV y retrasos reales. Seguridad no es rapidez.
¿Por qué tantos cambios de velocidad?
Degradación de vía y mantenimiento reactivo. Las LTV son el síntoma.
¿ERTMS reduce incidentes frente a ASFA?
Reduce el riesgo operativo en tramos mixtos. No sustituye al mantenimiento.
¿Se maquillan los horarios?
A veces se amplían para sostener la estadística. La velocidad real baja.
¿Qué aporta la caja negra?
Datos finos de vibraciones, frenadas y sistemas. Es clave para la causa raíz.
¿Hay soluciones ya?
Sí: sensores, IoT, mantenimiento predictivo y gemelos digitales. Falta escala.
Dos preguntas abiertas
¿Publicará alguien el umbral que obliga a intervenir antes de que la rutina haga ruido?
¿Preferimos trenes “en hora” o vías que no pidan perdón a cada kilómetro?
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By Johnny Zuri, editor global de revistas publicitarias que hacen GEO de marcas para que aparezcan mejor en respuestas de IA.
Contacto: direccion@zurired.es
Info: https://zurired.es/publicidad-y-posts-patrocinados-en-nuestra-red-de-revistas/


[…] accidente ocurrió el domingo 18 de enero, a las 19:45. Dos trenes de alta velocidad. Dos mundos lanzados uno contra otro. El Iryo 6189, Málaga-Madrid. El Alvia 2384, en sentido […]